“La cinta blanca” o “cual la generación de las hojas”
Películas como “La cinta blanca” tienen la capacidad de recordarnos qué tiene de bueno el cine, confirmarnos la posibilidad redentora del arte, no en lo referido al nivel de la historia (con todo lo que implica el tema de la perversión nacida de la naturaleza reprimida por ejemplo) sino al de la obra – objeto, la posibilidad de renovar la ilusión confiando en la grandeza del hombre y su unicidad para la representación simbólica.
Esta película además tiene la virtud de hacernos evocar otras películas, resignificadas en nuevas experiencias vitales y no solo en anécdotas, más allá de concesiones sobre el tópico del reducido número de temas esenciales concernientes a la existencia humana.

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